UGC
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El UGC nace fuera de la marca: un cliente que graba un vídeo probando un producto, alguien que comparte una foto etiquetando la cuenta, una reseña con captura incluida. La marca no lo produce, pero puede pedirlo, recopilarlo y, con permiso, reutilizarlo en sus propias redes o anuncios.
Funciona porque rompe la desconfianza que genera ver siempre contenido pulido de la propia marca. Un vídeo grabado con el móvil por una persona real suele generar más confianza y más conversión en anuncios que un vídeo de producción profesional, precisamente porque no parece publicidad.
Conseguirlo no es solo esperar a que pase. Se puede activar con un hashtag de marca, pidiéndolo directamente a clientes, con un sorteo a cambio de una reseña en vídeo, o con un programa de embajadores que no son influencers grandes, solo clientes que ya hablan bien de la marca.
Un error típico es reutilizar UGC sin pedir permiso explícito a quien lo creó, sobre todo si se va a usar en publicidad de pago. Otro es fabricar UGC falso con actores pagados sin decirlo: en cuanto se detecta, hace más daño del que hace bien.
Si quieres montar un sistema para conseguir y aprovechar UGC de verdad, es justo lo que trabajamos en nuestro servicio de social media.
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